México no puede explicarse sino a través de su historia y, en particular, de dos procesos fundamentales: la Guerra de Independencia (1810-1821) y la Revolución Mexicana (1910-1917). Ambas gestas se caracterizaron por la intensa participación social, por el surgimiento de dramáticas paradojas, por una violencia inusitada que sacudió hasta lo más profundo el orden preexistente, por la creación de novedosos proyectos políticos y por la construcción de órdenes completamente nuevos a su culminación. Independencia política, orden republicano, democracia y política social fueron algunas de sus principales contribuciones a la vida de México.
Todos los órdenes de la vida nacional se vieron afectados por la Independencia y la Revolución; la moneda no fue la excepción. Ambas gestas vieron nacer numerosas monedas de necesidad, hechas para satisfacer los requerimientos de circulante de las fuerzas belige-rantes y de la población civil, cuando las emisiones oficiales esca
searon o perdieron su valor. Las
monedas fabricadas, reselladas y contramarcadas por realistas e insurgentes, así como las piezas metálicas y de papel emitidas por las distintas facciones revolucionarias, conforman un panorama multicolor -con destellos de plata- que enriquece el legado numismático de México con piezas de rudimentaria factura, burdo aspecto y personalidad propia.
En el año 2010 se cumplirán el bicentenario del inicio del movimiento de Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana, celebraciones a las que se suma el Banco de México y que comparte con el pueblo cubano a través de la presentación de la muestra "Numismática mexicana: monedas de la Guerra de Independencia y de la Revolución", gracias a la generosidad y hospitalidad del Museo Numismático de la Oficina del Historiador de La Habana. La muestra está formada por una cuidadosa selección de monedas y billetes de ambas etapas históricas, procedentes de la Colección Numismática del Banco de México.
Monedas coloniales y tlacos
Desde los albores de la colonia, se implantó el uso de la moneda en la América septentrional; en México, se acuñaron monedas virreinales de diversos metales - principalmente de plata- y de diferentes tipos numismáticos: Carlos y Juana, macuquinas, columnarios, peluconas y de busto, conforme al sistema octaval español, que denominaba las piezas de plata en reales y las de oro, en escudos.
La extraordinaria riqueza argentífera de la Nueva España permitió la acuñación de enormes cantidades de plata, metal que sirvió al sostenimiento de la administración imperial, así como de las guerras europeas y de la vida palaciega en la metrópoli. Asimismo, fue soporte fundamental de las importantes transformaciones económicas iniciadas el siglo XVI en Europa. Además, la moneda de plata mexicana, por su buena ley y factura, fue el principal medio de pago del mundo entre los siglos XVI y XIX, ya que gozó de plena aceptación en Asia, Sudamérica, el Caribe, Europa e incluso, en Oceanía. Sin embargo, esa extensa difusión del uso de la moneda mexicana contrastaba con una secular carencia de monedas de baja denominación en la Nueva España. La moneda menuda acuñada en cobre durante los primeros años del Virreinato fue despreciada por los indígenas, quienes consideraban vil a ese metal, y las lanzaron a la laguna de Texcoco, con la resultante pérdida para la Corona, por lo que pronto dejó de acuñarse moneda de cobre y, en consecuencia, no hubo piezas oficiales de baja denominación pa-ra el pago de los reducidos jornales de los trabajadores, ni para cubrir las pequeñas compras cotidianas de las clases populares.
A finales del siglo XVIII, se intentó solventar la situación me
diante la acuñación de cuartillas de plata que, pese a su minúsculo tamaño pero buena ley, gozaron de la aceptación del público. Y más tarde, ya durante el reinado de Fernando VII, se retomó la acuñación de mo-nedas de cobre en México.
Para afrontar la falta de monedas de baja denominación que afectó la mayor parte del período colonial, los propietarios de las tiendas mestizas o pulperías optaron por fabricar fichas a las que se les llamó tlaco o claco, voz náhuatl que significa la mitad (en este caso la mitad de 1/4 de real; es decir,
1/8 de real). Cada tlaco se dividía en dos partes llamadas pilones. Los materiales utilizados para fabricar estas monedas eran variados, ya que las hubo de cobre, madera, metal blanco, hueso, plomo y hasta de vidrio o jabón. Del mismo modo, sus diseños y formas eran igualmente caprichosos. El uso de esta moneda se extendió y arraigó entre municipalidades,compañías mineras, haciendas y otras negociaciones, hasta las primeras décadas del siglo XX.
A este tipo de moneda, así como a muchas de las emitidas durante la Guerra de Independencia y la Revolución, que surgieron con el propósito de aliviar las insuficiencias de la acuñación oficial, se les conoce como "monedas de necesidad", ya que surgieron precisamente para atender la demanda monetaria impostergable de una determinada región o fuerza política. Por regla general, la moneda de necesidad se caracteriza, además, por haber sido fabricada en condiciones rudimentarias, tener un aspecto burdo y un diseño distinto al de la amonedación regular.
Acuñaciones de la independencia
Tres siglos de dominación española trajeron consigo las contradicciones sociales y políticas que desembocaron en el estallido de la Guerra de Independencia de 1810 en la Nueva España. El movimiento armado provocó que la economía se contrajera y que los capitales españoles salieran del país o se atesoraran; asimismo, decayeron la minería -sustento económico del Virreinato- y la amonedación.
Con la revuelta, el traslado de los metales preciosos para su acuñación, de los reales mineros a la Casa de Moneda de México, se dificultó por la peligrosidad de los caminos, copados por rebeldes y por partidas de bandoleros y maleantes. De modo que las autoridades realistas dispusieron la instalación de Casas de Moneda Provisionales aledañas a los principales Reales Mineros, y de esta manera, evitaron exponer los metales en largos traslados y pudieron surtir de numerario a sus poblaciones. Entre 1810 y 1821 operaron establecimientos de este tipo en Chihuahua, Durango, Guadalajara, Guanajuato, Lagos, Oaxaca, Real de Catorce, Sierra de Pinos, Sombrerete, Valladolid y Zacatecas.
Los insurgentes también se vieron obligados a fabricar sus monedas para solventar el costo de la guerra, alimentar y pagar a sus tropas, así como para distribuir circulante en las plazas bajo su dominio. Estas piezas fueron acuñadas en talleres improvisados, con equipo inadecuado y con personal poco calificado. José María Morelos y Pavón ordenó acuñar, por primera vez en México, moneda fiduciaria de cobre, cuyo valor facial era superior a su valor intrínseco; esa práctica, seguida por la Junta de Zitácuaro, produjo verdaderas "promesas de pago" que serían redimidas al triunfo de la insurgencia.
Desde una perspectiva iconográfica, debemos señalar que en las monedas de Morelos se suprimen las divisas españolas, y en las de la Junta de Zitácuaro aparece por vez primera un símbolo fundamental del nacionalismo novohispano, que años más tarde sería el escudo nacional: un águila parada sobre un nopal, que nace de unas peñas que surgen de la laguna, en actitud de devorar una serpiente.
Durante la lucha por la independencia, se produjeron otros ejemplares numismáticos, gracias a los resellos y contramarcas estampados por ambos bandos. Los resellos, realistas e insurgentes, validaban las monedas para su circulación (al reafirmar la buena ley del metal y su peso), mientras que las contramarcas expresaban el ejercicio soberano de las nacientes autoridades rebeldes (Junta de Zitácuaro y Congreso del Anáhuac), que con dichas contramarcas validaban la circulación monetaria.
Los resellos y las contramarcas de este período se clasifican en tres grandes grupos: realistas, insurgentes y de origen desconocido. Entre los resellos realistas se cuentan los atribuidos a Ma-nuel Salcedo (Gobernador de la provincias internas), L.C.V (Las Cajas de Veracruz), MVA (Mon-clova), L.C.M. (La Comandancia Militar o Las Cajas de México) y Linares (jefe militar del Bajío), mientras que entre los resellos insurgentes cabe mencionar los de Morelos (con varios punzones), J.M.L. (de José María Liceaga), Villagrán, Osorno, etc., así como las contramarcas S.C.M. (Soberano Congreso Mexicano o Congreso de Chilpancingo) y S.J.N.G. (Suprema Junta Nacional Gubernativa o Junta de Zitácuaro).
México independiente
Al consumarse la independencia, México pasó por una etapa de reorganización política. Vivió un efímero y frustrado ensayo imperial con Agustín de Iturbide o Agustín I al frente (1822-1823), quien intentó, sin éxito, sortear la penuria del erario y sostener la vida cortesana mediante la emisión del primer papel moneda de México. Tan mala acogida tuvo ese medio de pago que su emisión contribuyó al rápido fracaso del imperio.
En 1823 se instauró la República mexicana y se estable-cieron las características de la moneda. Se preservó el sistema octaval español, pero surgieron nuevas improntas para las monedas. En lo sucesivo, el anverso llevaría el escudo nacional, y el reverso de las piezas de plata, un gorro frigio resplandeciente; mientras que las de oro, una alegoría al régimen constitucional; diseños acordes con los ideales de libertad, equidad y justicia de la naciente República.
Dinero de la Revolución
Al iniciar el siglo XX, después de treinta años de "paz y progreso", instaurados a sangre y fuego por Porfirio Díaz, se hicieron patentes las crecientes diferencias económicas y sociales en México, así como la ausencia de un régimen democrático. Ante la sucesión presidencial de 1910 y la vigorosa participación de Francisco I. Madero, quien gozó de un amplio respaldo popular, el régimen porfirista se negó a todo cambio y propició el estallido revolucionario de noviembre de ese año. A partir de entonces, una marea revolucionaria cubrió el país. En un primer momento, los revolucionarios enfrentaron el gobierno porfirista y sus vestigios, pero después, las diferencias entre las distintas facciones revolucionarias trajeron consigo la lucha fratricida, cuando los ejércitos de Emiliano Zapata y Francisco Villa, agrupados en la Soberana Convención Revolucionaria, se enfrentaron al Constitucionalismo encabezado por Venustiano Carranza y Álvaro Obregón.
La vorágine revolucionaria provocó la desaparición de la moneda metálica y la devaluación de los billetes de banco, ya que la reserva metálica de los institutos emisores se utilizó para financiar la contrarrevolución. Del mismo modo que sucedió durante la lucha por la independencia, los revolucionarios se vieron obligados a fabricar sus propias monedas entre 1913 y 1916.
Las primeras monedas revolucionarias fueron fundidas en Sinaloa. Posteriormente, se suce-dieron acuñaciones ordenadas por Francisco Villa, en el norte de la República, y Emiliano Zapata en el sur. Las piezas de plata sirvieron, en gran medida, para adquirir armas y municiones en el extranjero, mientras que las de metales industriales sirvieron a la población nativa y para el pago de las tropas.
Paralelamente, cabecillas militares, autoridades municipales y hasta particulares pusieron en circulación una creciente cantidad de papel moneda, siguiendo el ejemplo del primer jefe del ejército constitucionalista, Venustiano Carranza, quien puso en circulación los primeros billetes revolucionarios en Monclova, Coahuila, en mayo de 1913. El dinero de papel carecía de cualquier tipo de respaldo que no fuera el de las armas de los emisores, pero eran de curso forzoso. Algunas piezas se imprimieron en establecimientos especializados de los Estados Unidos, pero la inmensa mayoría fue fabricada en rústicos talleres pueblerinos, sobre cartón, papel y hasta tela; en fin, en los materiales que se tuvieron a la mano.
La desordenada emisión de esos billetes, llamados “bilimbiques” por el pueblo, afectó severamente a la población, ya que se devaluaban con rapidez y provocaban la ruina de sus tenedores. Por ello, el gobierno constitucionalista se esforzó, una y otra vez, por ordenar la emisión y cuidarse de la plaga de falsificadores. "Sábanas villistas", "Dos caritas", infalsificables, son apenas algunos ejemplos del papel revolucionario.
Mención aparte merece la emisión de moneda y billete realizada por el Estado libre y soberano de Oaxaca durante los años 1915 y 1916. Cuando se desató la lucha entre las distintas facciones revolucionarias, que en la práctica se tradujo en la inexistencia de un gobierno federal capaz de ejercer su autoridad sobre todo el territorio mexicano, el gobierno del Estado de Oaxaca decidió reasumir su soberanía, que lo obligó a emitir sus propias monedas y billetes. Las piezas revolucionarias oaxa-queñas, caracterizadas por ostentar el busto de Benito Juárez, enri-quecieron la emisión revolucionaria, de por sí numerosa y variada.
A partir de 1916, poco a poco reaparecieron en la circulación las monedas de oro, pero no fue sino hasta 1920 que se avanzó en la reordenación definitiva de la cuestión monetaria de México mediante la Comisión Monetaria, la cual se encargó de concluir la liquidación de las instituciones bancarias porfiristas, retirar de la circulación
el papel moneda revolucionario y sustituirlo por sus propias emisiones.
Más tarde, en 1925, cuando al fin se dispuso de los recursos necesarios, se fundó el Banco de México, emblema de la obra constructiva de la Revolución, y con ello, se inició una nueva etapa en la acuñación de moneda y en la emisión de billetes, los cuales fue-ron, en un principio, de aceptación voluntaria y redimibles por piezas de oro y plata, hasta convertirse en medios de pago de aceptación obligatoria y favoritos de los mexicanos.
En fin, las monedas y los
billetes de la Guerra de Independencia y de la Revolución mexicana son testimonios de dos acontecimientos torales de la historia de México. Su estudio y análisis nos ofrecen la posibilidad de re-flexionar en torno a acontecimientos tan significativos de la historia, desde nuevas perspectivas y con novedosas metodologías, que, sin duda, pueden contribuir a un mejor y más profundo conocimiento de la historia de México y, en consecuencia, ayudarán a com-prender de mejor manera el presente mexicano y sus desafíos.
* Jefe Técnico de la Oficina de Acervo
Numismático del Banco de México