"De quien opina que el dinero puede hacerlo todo, puede esperarse cualquier cosa por dinero"
Benjamín Franklin
La falsificación de circulante no es, ni mucho menos, un fenómeno reciente. Desde la aparición de las relaciones de compra y venta, muchos de los artículos que fungieron como dinero fueron inmediatamente "atacados" por los falsificadores primigenios.
Debemos excluir, lógicamente, aquellos que por su naturaleza no podían serlo. Tomemos como ejemplo las ovejas y los bueyes usados en la antigua Grecia, o la sal, de cuyo uso como medio de pago a los legionarios romanos procede el término salario.
En la América precolombina se emplearon, entre otros bienes, las semillas de cacao, pero ellas sí fueron falsificadas.
Con la utilización del metal, y sobre todo con la aparición de la moneda, la falsificación se intensificó. Era relativamente fácil alterar la aleación con que aquellas se construían, o sencillamente acuñarlas con metales no valiosos.
Con el fin de protegerse, diversas sociedades incorporaron a sus códigos legales la figura de la falsificación y, desde luego, la correspondiente sanción.
Bajo las "Leges Corneliae" de la Roma republicana, el falsificador era entregado a las fieras si era hombre libre, y se le crucificaba si era esclavo.
La falsificación era considerada un ataque a la "fides pública" (fe pública), en tanto afectaba la confianza de la población en los medios de circulación establecidos.
Al final del imperio romano, se le consideró crimen de "lesa majes-tad" por atacar un derecho de soberanía.
El derecho canónico definía al falsificador como: PAUPERO-RUM, VIVORUM, OPRESOR ET CIVITATIS TURBATOR.
No se necesita saber latín para apreciar el sentido peyorativo de tales adjetivos.
En la modernidad, y a partir de la Convención de Ginebra de 1929, la falsificación se califica como delito contra la fe pública y adquiere carácter universal, entendida como: "Fabricación de moneda hecha por persona no autorizada legalmente, simulando o alterando. Circulación o expendición de la misma. Doctrinariamente, deben tener semejanza con las originales, cuando puedan ser confundidas por persona media por debajo del nivel de técnico o perito."
La progresiva (y finalmente total) sustitución de la moneda metálica de oro y plata por los billetes, creó nuevos alicientes y posibilidades para la falsificación, ya recogida prácticamente en todos los códigos.
En el nuestro (Artículo 248, Ley 62) se estipula lo siguiente:
Se sanciona con la privación de libertad de cuatro a diez años al que:
- fabrique moneda imitando la del curso legal en la República…
- altere moneda de curso legal en la República para darle apariencia de un valor superior al que en realidad tiene…
- introduzca en la República una u otra clase de monedas falsificadas, o las expenda o ponga en circulación…
- tenga en su poder moneda falsa, que, por su número o por cualesquiera otras circunstancias, están destinadas a la circulación o el expendio.
El circulante cubano (ya sea CUP o CUC) no ha escapado de la agresividad de los falsificadores, internos o externos.
De los internos suelen provenir las burdas alteraciones con que se "convierten" billetes auténticos de 1.00 CUC en denominaciones mayores.
Si se recuerda, al menos, que en los billetes de 1.00 CUC apare-ce el monumento a José Martí en la Plaza de la Revolución, no aceptaríamos nunca un supuesto billete de 10.00 CUC en que aparezca dicho retrato.
También de ellos proviene la "creación" de moneda fraccionaria, que de manera general se distingue fácilmente por la poca calidad de la acuñación y del metal utilizado.
La moneda auténtica del CUC tiene núcleo de acero, y por ello es intensamente atraída por un imán, cosa que no ocurre o sucede muy débilmente en las falsificadas. De esta forma, la atracción magnética es útil para diferenciar las imitaciones que hasta hoy han aparecido.
Recientemente, han aparecido falsificaciones de 10.00 y 20.00 CUC en cierta cantidad. Esto ha provocado que en algunas tiendas se exija identificación a los presuntos compradores, cuando emplean billetes de estos valores.
Además de hacer más lento el servicio, se genera un ambiente de desconfianza y rumor perjudiciales. Estas falsificaciones distan mucho de tener alta calidad y presentan los errores que enumeramos a continuación:
1. Impresión INTAGLIO. En el anverso del CUC se emplea dicha impresión, que produce relieve perceptible al tacto. Los falsificados carecen de relieve, al ser totalmente de impresión plana.
2. Marca de agua doble. En los billetes posteriores a 2006, aparece el rostro de José Martí, más el valor numérico del billete. En los falsificados, esta marca aparece burdamente imitada por el reverso, al crear un dibujo sobre una sustan-cia agregada al exterior del papel.
Aunque pueda ser observada a trasluz, es bien diferente a la original.
3. El hilo de seguridad. Es un cintillo plástico embebido en el papel y grabado con la leyenda Patria o Muerte Venceremos, en dos tamaños de letra, y concebido para ser leído a trasluz.
Se ha imitado mediante impresión por una de las caras. Es casi imperceptible a trasluz y, desde luego, ilegible.
4. Las microimpresiones. Forman una línea fina debajo del arabesco superior con la leyenda "Cuba territorio libre de América", que se repite.
En el extremo izquierdo del arabesco inferior también aparece reiterada la palabra "Cuba".
En las falsificaciones, aunque aparezcan las líneas, son totalmente ilegibles.
5. El código alfa numérico. Se trata de dos letras y dos números que aparecen en los extremos del billete. La primera letra responde al siguiente orden:
| Denominación | Letra |
| 1.00 … | A |
| 3.00 | B |
| 5.00 | C |
| 10.00 | D |
| 20.00 | E |
| 50.00 | F |
| 100.00 | G |
En algunos de los billetes de 20.00 falsificados, hay falta de correspondencia; comienzan con F o con C, lo cual es inadmisible.
6. El fondo de seguridad. Se trata de una impresión plana muy elaborada y colorida (asemeja a un vitral). En los billetes auténticos es totalmente nítida, aunque sus tonos son claros.
En las falsificaciones su nitidez deja que desear, ya sea por defecto o por exceso. O bien aparece sumamente claro e indefinido, o por el contrario, en trazos gruesos y demasiado oscuros.
7. La imagen latente. Se trata de una impresión dentro del borde inferior derecho del arabesco, debajo del retrato. Se evidencian las siglas "BCC" cuando se dobla la punta del billete hasta un ángulo en que la luz le llegue tangencialmente.
En las falsificaciones, la imagen latente no existe.
8. El CUC puede ser revisado con luz ultravioleta. En el original hay determinadas áreas fluores-centes de color amarillo y se hacen visibles fibrillas (pelillos) de diferente color.
En los falsos no aparece nada de esto.
Todas estas diferencias (excepto la octava) pueden notarse a simple vista (o al tacto), lo que supone la posibilidad de detectar estas falsificaciones si se posee la información adecuada.
* Profesor Principal del Centro Nacional de Superación Bancaria, BCC